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domingo, 10 de junio de 2012

No te perdono, bajo ningún pretexto, que no sepas volar

No sé me importa un pito que las mujeres
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de sorportarles
una nariz que sacaría el primer premio
en una exposición de zanahorias;
¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono,
bajo ningún pretexto, que no sepan volar.
Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme! 


Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase,
tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?
¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo
y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina,
volaba del comedor a la despensa.
Volando me preparaba el baño, la camisa.
Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando,
de algún paseo por los alrededores!
Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.
"¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos,
ya me abrazaba con sus piernas de pluma,
para llevarme, volando, a cualquier parte. 

   Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia
que nos aproximaba al paraíso;
durante horas enteras nos anidábamos en una nube,
como dos ángeles, y de repente,
en tirabuzón, en hoja muerta,
el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera...,
aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!
¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes...
la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer una mujer etérea,
¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?
¿Verdad que no hay diferencia sustancial
entre vivir con una vaca o con una mujer
que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender
la seducción de una mujer pedestre,
y por más empeño que ponga en concebirlo,
no me es posible ni tan siquiera imaginar
que pueda hacerse el amor más que volando.

Oliverio Girondo 

Bird Girl - Chica-pájaro

martes, 16 de agosto de 2011

Les oiseaux sans voix, los pájaros sin voz, chica-pájaro, Cortázar, la Maga, Rayuela

sangre en las venas
te digo y me decís
y nuestro pulso, cruel detractor de barbaries que no conocimos, perpetuo carnaval que se nos aparece junto a los ojos

y saber que cada vez falta menos, que nuestra época todavía no ha comenzado, y que inventaremos historias hermosas con finales tristes en alguna habitación vacía, que nos tendrá como únicos habitantes y quizás nos encontremos una noche de lluvia, y contemplaremos, seremos los testigos de esto que no me animo a definir como historia, libro o mandala, nuestra hermosa y maldita cárcel kármica que supimos conseguir

no le hagás caso a mi voz, vos sos la verdadera voz, la palabra, el designio, yo soy el dibujo, la imagen vista desde lejos, ese que se te acercará, te devolverá tu corazón de cristal después de tanto tiempo, y te abrazará, te besará y te invitará a nadar contra la corriente a su lado para siempre
 


el milagro de los colores
tu pelo, mitad
hermosa cara para ser dibujada
voy a desterrarte infinitamente de tu cárcel,
vos no estás hecha para seguir formando parte de colecciones, 
de listas aleatorias y humanas

estamos rompiendo las leyes de la identidad convencional, 
estamos destrozando las imaginarias barreras de espacio y tiempo, 
nunca creímos en las distancias ni en los mares premonitores 
aunque sé que aún existe un miedo, 
sé que la entrega tendrá que ser absoluta, 
o no servirá para nada que hayamos engañado a los relojes

perfecta musa para este pintor de muñecos desnudos
cuando nos veamos de nuevo detendremos los relojes, 
y permaneceremos eternamente en ese primer día, 
nuestro libro nunca dejará de comenzar, 
nos sorprenderá con las metáforas de las que formaremos parte, 
la penúltima canción continuará sonando

vamos a enterrar a nuestros yo equívocos
quiero equivocarme de nuevas maneras a tu lado

poeta maldita,
dama asesina,
princesa vampira,
mujer, mujer-pez,
ojos de gata,
Maga,
mi error más hermoso
o mi hermosura más errónea
preparemos las alas,

vas a ver que los peces pueden volar
sé que lo sabés, se nota en tus naturalidades, en la forma de caminar, 
en la manera de alzar la vista irónicamente, la mayoría confunde ese gesto con ingenuidad, yo lo entiendo, yo soy la Maga, la no-Maga, la coraza, el cigarrillo en lugar de la metáfora, 

el deseo de dejar de existir, 

el deseo de empezar a existir

Julio Cortázar
Capítulo 54 - Rayuela

 Bird Girl
(Chica-pájaro)




Bird girls can fly!


¡Las chicas-pájaro pueden volar!
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