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domingo, 10 de junio de 2012

No te perdono, bajo ningún pretexto, que no sepas volar

No sé me importa un pito que las mujeres
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de sorportarles
una nariz que sacaría el primer premio
en una exposición de zanahorias;
¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono,
bajo ningún pretexto, que no sepan volar.
Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme! 


Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase,
tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?
¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo
y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina,
volaba del comedor a la despensa.
Volando me preparaba el baño, la camisa.
Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando,
de algún paseo por los alrededores!
Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.
"¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos,
ya me abrazaba con sus piernas de pluma,
para llevarme, volando, a cualquier parte. 

   Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia
que nos aproximaba al paraíso;
durante horas enteras nos anidábamos en una nube,
como dos ángeles, y de repente,
en tirabuzón, en hoja muerta,
el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera...,
aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!
¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes...
la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer una mujer etérea,
¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?
¿Verdad que no hay diferencia sustancial
entre vivir con una vaca o con una mujer
que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender
la seducción de una mujer pedestre,
y por más empeño que ponga en concebirlo,
no me es posible ni tan siquiera imaginar
que pueda hacerse el amor más que volando.

Oliverio Girondo 

Bird Girl - Chica-pájaro

jueves, 3 de mayo de 2012

Mi raíz emerge desde el primer asomo del comienzo, y brota y ensancha, y fructifica, y siembra

Sopla, viento, sopla y arrasa, que también de ti
saco conciencia.
En tu furia
mido mis fuerzas. Dóblame si puedes, y túmbame,
mi sostén es de acero.
Yo estoy sobre la línea de las cosas
que no murieron nunca.
Mi raíz emerge
desde el primer asomo del comienzo,
y brota y ensancha, y fructifica, y siembra,
hasta el negado fin del infinito.

 
Brioso y perverso y desafiante y ciego,
no borrarás la luz de mi paisaje,
ni el aroma del tiempo que me quiere.
El canto de los pájaros
ha de prender corolas de colores, siempre,
y un recuerdo de nido
entibiará mis ramas.


La luna te cortará las carnes para verme.
Estoy sobre el regazo de la tierra,
bajo la cóncava mirada azul,
con mi sabida sangre,
a un murmullo
del agua.
Suéltate, desorbitado, atronador, deshecho,
por la ladera fácil,
a querer romperme los oídos;
yo escucho con el corazón.
 




Búscame, azota mi pensativa hora de preguntas,
castígame el silencio, enfríame las manos,
succióname la savia.
Fatigarás tu furia hasta que caigas.
Todos nosotros te derrotaremos; la gota de agua,
el anuncio del pájaro
sobre la primavera,
la sonrisa del niño, y la sencilla
calma de existencia.
Raíz de tempestad, barre las caídas hojas,
y la inclinada brotación de miedo.
Tu voluntad altiva de torcerme
no quebrará mi línea,
respiro con las cosas que no murieron nunca.
 
Soy de mí misma,
indestructible, mía, en vertical esencia,
y permanezco.


Matilde Alba Swann

jueves, 15 de marzo de 2012

La palabra es un acto de amor (especial para alguien que necesita sanarse)

Ésta es una entrada creada a través del poder de la palabra, en el que creo fervientemente, para pronunciar, atraer y hacer realidad lo mejor para alguien que lo necesita, que necesita la sanación de su alma, para que luego se lleve a cabo la sanación y el bienestar en su cuerpo. Alguien para quien estoy y estaré siempre presente, cuando me necesite y cuando no me necesite, a pesar de su pedido de distancia.

Aquí estoy y aquí estaré pensándote en pleno bienestar y felicidad, y sintiéndote en armonía interior y exterior.

Somos lo que pensamos y sentimos. 

AQUÍ ESTOY, SIEMPRE.



"El oficio de la palabra,
es un acto de amor: crear presencia.

El oficio de la palabra
es la posibilidad de que el mundo diga al mundo,
la posibilidad de que el mundo diga al hombre.


La palabra: ese cuerpo hacia todo.
La palabra: esos ojos abiertos".

Roberto Juarroz


AQUÍ ESTOY PARA AYUDARTE Y ACOMPAÑARTE CUANDO ME NECESITÉS, NO DUDÉS EN LLAMARME.


domingo, 4 de marzo de 2012

Érase una vez una rosa que me domesticó

en la otra orilla de la noche
el amor es posible
-llévame- 

 
 
 
llévame entre las dulces sustancias
que mueren cada día en tu memoria
.
 "El olvido"
Alejandra Pizarnik
 
 
 
  Charles Aznavour - Il faut savoir
Debes saber - subtitulada en español
 
- Lo esencial es invisible a los ojos – repitió el principito a fin de recordarlo.

- Es el tiempo que has perdido en tu rosa lo que hace a tu rosa tan importante.

- Es el tiempo que he perdido en mi rosa... – dijo el principito a fin de recordarlo.

- Los hombres han olvidado esta verdad – dijo el zorro. – Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa...

lunes, 27 de febrero de 2012

Recuerdo una maravillosa oscuridad de sangre fundando el tiempo

Hoy solamente poesía, sólo palabras que nombran la tristeza, palabras que nombran la ausencia, hoy ese "solamente" es todo.

lo amado crea lo que se amará/
cómo tú/ llave/
temblando
en la puerta del tiempo/




qué lindos tus ojos/
y más la mirada de tus ojos/
y más el aire de tus ojos cuando lejos miras/
en el aire estuve buscando;
la lámpara de mi sangre/
sangre de tu sombra/
tu sombra
sobre mi corazón/



Juan Gelman, Dibaxu

sábado, 4 de febrero de 2012

La rosa que absorbe la mirada y abstrae el alma fascinándola

Las rosas eran el encanto, el tesoro (...). Y cuando tomó en sus manos la canasta y aspiró la rosa que entonces se abría, sus ojos se entrecerraron, palideció su semblante, y palpitó su seno; era que el aroma de la flor estimulaba el aroma poético de su alma, y aquella organización, sensible y armoniosa, languidecía de placer y de amor al aspirar la fresca y purísima esencia de la rosa.


Puso luego el canastillo de filigrana sobre sus faldas, y a medida que tomaba y aspiraba y examinaba las rosas, una mezcla de porvenir y de pasado, de felicidad y de melancolía, conmovía su corazón, sin duda, pues que su rostro, antes radiante, había vuelto súbitamente a su habitual expresión de dulcísima tristeza.


Las flores eran el campo, el mar, y la luz en las horas crepusculares; ejercen sobre las almas poéticas y sensibles una influencia que se escapa al mecanismo de los sentidos, que el alma misma no la puede definir, pero que la siente y se avasalla ante ella.


Es la religión verdadera de Dios, ejercida en el templo de la Naturaleza, 
por el sacerdocio del corazón humano.

José Mármol
Amalia 


Dalida - Le temps des fleurs - El tiempo de las flores

domingo, 1 de enero de 2012

Y entre mis alas el diámetro del mundo: maravilloso 2012

Un nuevo año en las pupilas, un nuevo tiempo que de alguna manera también es de antaño, un tiempo que recomienza. 

Todo tiempo de vida es un recomenzar, un elegir las circunstancias, un elegir las personas que nos acompañan y que queremos acompañar. Un proyectar, sostener, realizar, vivir lo que ansiamos vivir.

Tenemos el mundo entero en nuestras alas para lograr lo que anhelamos, para vivir la vida que ansiamos, y con quienes elegimos. 

Éste es el tiempo preciado, elegido, buscado, vivámoslo con todo el cuerpo y toda el alma, vivámoslo, ¡vivámoslo!

Porque quien busca, quien persigue, quien lucha, encuentra...


A quien retorna en busca de su antiguo buscar
la noche se le cierra como agua sobre una piedra
como aire sobre un pájaro
como se cierran dos cuerpos al amarse.

Alejandra Pizarnik

Isabelle Boulay - Mieux qu´ici bas


sábado, 31 de diciembre de 2011

Es el asombro ante el milagro: bienvenido 2012

Debes amar la arcilla que va en tus manos
Debes amar su arena hasta la locura
Y sino, no la emprendas que será en vano
Sólo el amor alumbra lo que perdura
Sólo el amor convierte en milagro el barro
Sólo el amor alumbra lo que perdura
Sólo el amor convierte en milagro el barro.
 
Debes amar el tiempo de los intentos
Debes amar la hora que nunca brilla
Y sino, no pretendas tocar los yertos
Sólo el amor engendra la maravilla
Sólo el amor consigue encender lo muerto
Sólo el amor engendra la maravilla
Sólo el amor consigue encender lo muerto.
Debes amar la arcilla que va en tus manos
 
Debes amar el tiempo de los intentos
Debes amar la hora que nunca brilla
Y sino, no pretendas tocar los yertos
Sólo el amor engendra la maravilla
Sólo el amor consigue encender lo muerto
Sólo el amor engendra la maravilla.


En este último día del año 2011 y en la actualización número 100 de este blog que ha acompañado mi tiempo, todos los tiempos que he vivido, aquéllos plenos de amor y aquéllos donde primaba más bien -y lamentablemente- el desamor, quiero que transcurran las horas de este último día de un año que va quedando atrás con dos poetas, dos amores, argentinos, ambos.

Happy new year (Feliz año nuevo) - Julio Cortázar

Mira, no pido mucho,
solamente tu mano, tenerla
como un sapito que duerme así contento.
Necesito esa puerta que me dabas
para entrar a tu mundo, ese trocito
de azúcar verde, de redondo alegre.
¿No me prestás tu mano en esta noche
de fìn de año de lechuzas roncas?
No puedes, por razones técnicas.
Entonces la tramo en el aire, urdiendo cada dedo,
el durazno sedoso de la palma
y el dorso, ese país de azules árboles.
Así la tomo y la sostengo,
como si de ello dependiera
muchísimo del mundo,
la sucesión de las cuatro estaciones,
el canto de los gallos, el amor de los hombres.

* *

 Final del Año - Jorge Luis Borges

Ni el pormenor simbólico
de reemplazar un tres por un dos
ni esa metáfora baldía
que convoca un lapso que muere y otro que surge
ni el cumplimiento de un proceso astronómico
aturden y socavan
la altiplanicie de esta noche
y nos obligan a esperar
las doce irreparables campanadas.
La causa verdadera
es la sospecha general y borrosa
del enigma del Tiempo;
es el asombro ante el milagro
de que a despecho de infinitos azares,
de que a despecho de que somos
las gotas del río de Heráclito,
perdure algo en nosotros:
inmóvil. 

Sólo el amor - Silvio Rodríguez 




¡Sólo el Amor alumbra lo que perdura! ¡Bienvenido 2012!

domingo, 18 de diciembre de 2011

Haber atado ciertos hilos de amor y resplandor

Haber dejado una moneda de fuego en la mano de otro,
haber atado ciertos hilos de amor y resplandor,
haber perdido algo
al salir de la casa vacía.

Haber estado, haber acompañado,
haber estado complicado con el viento que siempre tiene razón,
con la tierra y el agua y con la hierba que siempre tienen razón.
No haber cumplido años lejos de sí mismo,
no importa si de rodillas o en medio del pantano pero cerca de sí,
o entre asuntos pendientes o torcidos desde el comienzo,
pero masticados con tus dientes.

No importa ser un objeto más o menos clasificable
despreciable por los que deciden,
no importa ser superado, masacrado, tergiversado, desmentido,
con todo eso se hace la verdad.
 
 
No importa ser interrumpido 
si estás al pie del árbol gigante en el día sin fin, 
al pie del árbol de piedras preciosas del sueño que sólo 
pertenece a los hombres,
y si has podido hablar con esas piedras
y acompañar hasta su casa a alguien 
en un momento duro de la noche.
No importa que no haya solución para nadie ni perdón para nadie
ni si al fin estás solo en las salinas de la madrugada
haciendo todo lo posible para que salga el sol,
para que estos rostros queridos no se hundan en los
rápidos de la nada
que acecha tanta maravilla.
POR ÚLTIMO - RAUL GUSTAVO AGUIRRE
Éste es el primer poema que leo de él, poeta argentino
con una cierta influencia surrealista. ¿Cómo podía ser de otro modo? 
Ya me embelesó su maravilla.
La poesía es un salvavidas.
Y la música salva ante cada nueva nota.
 
Giovanni Marradi - Lysistrata


Haber estado, haber acompañado, 

siempre.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Palabra como abrir paso en aleteos

Ella anuda hilos entre los hombres
y lleva de aquí para allá la mariposa profunda
ala del paisaje y del alma de un país, con su polen.

Ella hace sensible el clima de los días, con su color y su perfume
a su pesar, muchas veces, como bajo un destino.
Testimonio involuntario, ella,
de un cierto estado de espíritu, de un cierto estado de las cosas,
en que la circunstancia da su hálito.

Pero se dirige siempre a un testigo invisible,
jugando naturalmente con la tierra y el ángel,
el infinito a su lado y el presente en el confín.

Mas es el don absoluto, y la ternura,
ella que es también el término supremo y la última esencia
con las melodías de los sentidos y los símbolos y las visiones
y los latidos
para el encuentro en los abismos.

Mas tiene cargo de almas,
y es la comunicación,
el traspasado ser, "como se da una flor", en el nivel de los niños,
más allá de sí misma, en el olvido puro de ella misma.




Y no busca nunca, no, ella
espera, espera, toda desnuda, con la lámpara en la mano,
en el centro mismo de la noche.


Juan L. Ortiz


Ella, la palabra precisa, la comunicación a tiempo, 
la ternura desnuda, espera,
espera darse -como dice el poeta- más allá de sí misma.


miércoles, 9 de noviembre de 2011

Esta respiración que se me besa con el mundo



Si pienso en ella, pienso en mí a su edad,
igual de apasionado.
Los amigos, me digo,
significaban todo.
Pero ahora los amigos se empiezan a morir de varias formas
y algunas muertes son irrevocables.


Mi hija no lo sabe
y espero que demore en enterarse.
Yo no le digo nada. Pongo un disco,
mientras la veo ajena,
hermosa y para siempre.


Jorge Fondebrider, Buenos Aires, 1956
Inédito

Linda Lemay 
Ceux que l'on met au monde 

 

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Ya ves, cuando te fuiste, no sabías que me habías iluminado... Julio Cortázar y Carol Dunlop

Julio Cortázar, en 1982, emprende con su mujer, Carol Dunlop, quien tenía 30 años menos que él, un juego de treinta y tres maravillosos días fuera del tiempo, una interminable fiesta de la vida: un viaje de París a Marsella. La experiencia da lugar a un libro excepcional: Los autonautas de la cosmopista
 
 

Todas las mañanas se besan los labios y se ofrecen su alegría de enamorados. Jugos de naranjas mirándose y montañas de café. Con ese estado de ingravidez, la felicidad les sale por los ojos y la detienen escribiendo juntos. Terminan llenos de planes. Amarse todavía más intensamente.

"El misterio es total, como se ve, porque la Osita está contenta de sentirme a su lado y a la vez se refugia en un claustro al que yo no podría llegar sin destruir su preciosa penumbra, su temperatura íntima, y algo en ella lo sabe y lo defiende desde el alba hasta el despertar definitivo".
                                  
"Lo de la Osita viene de una antigua necesidad: casi nunca he aceptado el nombre-etiqueta de las cosas y creo que eso se refleja en mis libros, no veo por qué hay que tolerar invariablemente lo que nos viene de antes y de afuera, y así a los seres que amé y que amo les fui poniendo nombres que nacían de un encuentro, de un contacto entre claves secretas".

Al regreso, un mal que no es pasajero le arrebata a Carol su luz, su sonrisa, su entusiasta vivencia del sol y del mar. 
 
 
“Allí la Osita empezó a declinar, víctima de un mal que creíamos pasajero porque en ella la voluntad de la vida era más fuerte que todos los pronósticos, y yo compartía su coraje como siempre compartí su luz, su sonrisa, su enamorada vivencia del sol, del mar y de la esperanza en un futuro más hermoso.
Volvimos a París llenos de planes: terminar juntos el libro, vivir, vivir todavía más intensamente”.

Postscriptum de Julio Cortázar a Los autonautas de la cosmopista o Un viaje atemporal París – Marsella, escrito por Carol Dunlop y Julio Cortázar, 1982.


El 2 de noviembre de 1982 muere Carol.
Cortázar edita este libro, en una soledad agobiante. Dejándose doler, recuerda.
 
“Y después dormimos, Osita, y ya entrada la mañana seguías durmiendo y sólo a mí me fue dado ver el fin de la noche del paradero, el sol rasante en una cúpula naranja, que resbalaba entre las cortinas laterales para meterse con nosotros en la cama, empezar a jugar con tu pelo, con tus pestañas que siempre parecen más, que siempre parecen muchísimas más cuando estás dormida”.

Compagina las fotos. Y limpia los textos ya escritos. 
 
El Cortázar más triste: “No tengo planes y sólo pienso en terminar el libro que hicimos juntos Carol y yo, y que tengo que completar yo solo ahora. Se lo debo, quiero que salga, en este momento es mi única manera de seguir junto a ella, hablándole y escuchándola”. 
 
Subida a esas palabras, desde la muerte, ella, la Osita, busca abrigarlo. Julio murió de leucemia a los 69 años de edad, en 1984, en el Hospital Saint Lazare, después de diez días de cama, y dos años después del fallecimiento de Carol Dunlop. Dos días después, fue enterrado en el cementerio de Montparnasse, en la misma tumba donde yacía Carol.
 
Tumba de Julio Cortázar y Carol Dunlop en Montparnasse, París.


 
“…tu mano escribe, junto con la mía, estas últimas palabras en las que el dolor no es, no será nunca más fuerte que la vida que me enseñaste a vivir…”



miércoles, 26 de octubre de 2011

El paraíso posible, Le paradis possible

Himno de alabanza

¿Y por qué no he de cantar también yo un himno de alabanza,
aunque casi todos los que amé sean ahora igual que la hojarasca
que se arremolina alrededor del viento
y no puedan jactarse ni siquiera de poder arrojar su propia sombra?
 

Por todo lo perdido, ¿acaso contrariaste mi voluntad de dicha
o volví del revés los pasos que me habías señalado?
Si celebré con llanto mis bodas con la noche, ¿fue por seguir mi vocación de abismo
o porque me cubriste con sábanas de tinieblas cada día?
Para nadie la culpa ni para mí el castigo.


Fue solamente porque cayó una estrella
o porque se precipitaron bajo la luna errónea las mareas.
Es la misma señal, el mismo asombro con que sigo cayendo en la espesura,
aquí, desde tu mano.




¿Y no he de cantar por eso un himno de alabanza?
Yo agradezco estos ojos que se agrandan para ver tu escritura secreta en cada piedra:
esta boca con el sabor de "siempre", "tal vez" y "nunca más";
las manos y la piel donde arrojan su aliento los emisarios de territorios invisibles;
el perfume de la estación que pasa, su ráfaga hechicera ceñida a mi garganta,
y el reclamo insistente del sonido que atruena con el cuerno para las cacerías.


¡Ah sentidos, mis guardianes insomnes,
refugios instantáneos en un mundo improbable y sin fondo, como yo!


Desde lo más profundo de mi estupor y mi deslumbramiento yo te celebro,
cuerpo, suntuoso comensal en esta mesa de dones fugitivos,
a ti, protagonista de paso en cada historia del amor que no muere,
intermediario heroico en todas las batallas de la tierra y el cielo,
tú, mi costado de inevitable realidad,
delator de intemperies y fronteras, siempre bajo un puñal,
entre el relámpago de la tentación y el tajo de la herida.



A pesar de tu corazón irascible, yo te bendigo, mar, bestia obstinada:
en tu acechanza y en tu letanía pasa el relato del diluvio y mi risa infantil,
junto con ese cielo con que sueñas en cada una de tus olas,
en cada balanceo, como yo en el vaivén de mi respiración.


Guárdame en tu memoria como a un guijarro más,
como a un hueso perdido y a estos nombres escritos en la arena,
para velar contigo hasta el último día en el insomnio de la inmensidad.


Gracias te doy, hormiga, modelo de mis viajes en las exploraciones imposibles,
y a la torcaza por la incesante queja que acompañó mis lágrimas y duelos;
agradezco a la hierba la tierna protección para mis pies furtivos
y a ti, brizna en el viento, por todo el imprevisible porvenir;
bendita seas, sombra generosa, sumisa a tanto error y a tantas sombras,
y también tú, mi silla, guardiana infatigable frente a la espera y a la lejanía.


Yo te celebro, ráfaga, lluvia, enredadera,
murmullo enamorado del silencio que habita entre las piedras.


¿O no puedo cantar, amor, la noche de tu ausencia y el filo de tu espada?
¿Quién no lleva en la punta de su arpón una ballena blanca?

Olga Orozco, Toay, 1920 - Buenos Aires, 1999



martes, 18 de octubre de 2011

Amor miedo muerte, miedo muerte amor, muerte amor miedo, poema de Alejandra Pizarnik y video, Árbol de Diana, imágenes de Brooke Shaden


dice que no sabe del miedo de la muerte del amor

 dice que tiene miedo de la muerte del amor

 
 dice que el amor es muerte es miedo

dice que la muerte es miedo es amor




dice que no sabe









Alejandra Pizarnik (Argentina 1936-1972)
Árbol de Diana
e imágenes de Brooke Shaden.



Micro sobre Árbol de Diana
de Alejandra Pizarnik




La maravilla 
o existir

domingo, 16 de octubre de 2011

Envejecer es no poder olvidar lo que se olvida, especial ternura osos, poesía, imágenes y video

Envejecer es no poder olvidar lo que se olvida. (…) Siempre pensé que las edades son todas crueles, y que se compensan o tendrían que compensarse las unas con las otras. ¿De qué me sirvió pensar de este modo? Espero una revelación. 


¿Por qué será que un árbol embellece envejeciendo? Y un hombre espera redimirse sólo con los despojos de la juventud. Nunca pensé que envejecer fuera el más arduo de los ejercicios, una suerte de acrobacia que es un peligro para el corazón. Todo disfraz repugna al que lo lleva. La vejez es un disfraz con aditamentos inútiles. Si los viejos parecen disfrazados, los niños también. Esas edades carecen de naturalidad. Nadie acepta ser viejo porque nadie sabe serlo, como un árbol o como una piedra preciosa.  

Soñaba con ser vieja para tener tiempo para muchas cosas. No quería ser joven, porque perdía el tiempo en amar solamente. Ahora pierdo más tiempo que nunca en amar, porque todo lo que hago lo hago doblemente. 




“espero sueñes con un osito entre tus brazos, son tan cariñosos-!!!”


 


El tiempo transcurrido nos arrincona; nos parece que lo que quedó atrás tiene más realidad para reducir el presente a un interesante precipicio. 

Silvina Ocampo
Los retratos apócrifos


Ésta es la ternura inolvidable de los osos...




No puedo olvidar, lo cual quiere decir que estoy envejeciendo.

sábado, 15 de octubre de 2011

La palabra sembrada

De vez en cuando un nudo en las cuerdas vocales
Restos de un misil en las entrañas de los ojos
Coserse las heridas con un hilo tristísimo.
Fijar la mirada en el retrovisor del pasado
y quedar con la boca mordida por un perro
con cicatrices donde nadie hubiera imaginado pozos.
Si pudiera dejarme sobre la mesa
como dejo una llave,
enterrarme en la tierra de las plantas.


Si pudiera llamarme Juan
pero hay demasiados Juan
Uno que pide limosna, otro que pone la mesa,
otro que va a la guerra a lustrarse las heridas
o apoya su oído en la pared para sentir la música.
Si pudiera bañarme con la ropa puesta.
Arrancar la sangre eficazmente edificada.
De vez en cuando vivo en este castillo de arena
me revuelco en las extremidades de los días,
o caigo con un solo hueso hundido
o calco tu mano deshecha en la mía.
Si pudiera levantar el error como levanto una piedra,
llevar la piedra y el error hasta el río,
aunque no hay río en el desierto, que nada ha leído
de la piedra y este error.
Abrirme por la espalda y rellenarme yo sola,
De pura loca ausente, de pura muerta perdida.
De vez en cuando la viga en el ojo.
Esto de quebrarse al ras como una uña al borde de la carne.
Esta es la culpa que todos miran y hablan de cerca
pero están lejos,
del otro lado del río y de lo trágico.
Si pudiera huir de a pedazos,
pero no soy una muñeca de trapo mordida por un perro
aunque sí me duelen las costuras con hilo tristísimo
y llevo la culpa que todos miran
aunque no pueda dejarla como dejo una llave.

Tampoco me llamo  Juan,
pero a gritos lustro las heridas de guerra
y llevo un misil,
donde nadie hubiera imaginado pozos.

Laura García del Castaño
(Córdoba, Argentina, 1979)
de La palabra sembrada, 2011


Horacio Ferrer y Astor Piazzolla (Tango)
Preludio para el año 3001

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