Junto a los respetables profesores, al lado de los tranquilos amantes de la sabiduría, detiene el vuelo una bandada de poetas y artistas jóvenes, cabelludos aún, o mondos, de modestas indumentarias, aires pensativos, ojos llenos de ensueños, miradas llenas de ideas. Pobres como los ruiseñores, compran poco, hojean mucho. Abundan los libros de estudio. Es que los estudiantes tienen un gran recurso cuando se sienten atacados de la tradicional inopia. Saben que el vendedor Ies compra con seguridad, a un precio relativo, sus volúmenes. Así, un código comentado contiene muchos almuerzos, muchas comidas en las cremerías del Quartier. Esos volúmenes siempre tienen salida, y duermen en su caja como en un Monte de Piedad. Son muchos los «magazines» ingleses y las publicaciones científicas de todas las partes del mundo. El Instituto provee largamente a los «bouquinistes». Hay pilas incontables de tesis, antiguas y recientes, y obras enviadas a eminentes eruditos, con sesudas y elogiosas dedicatorias.
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| Antoine Blanchard - Notre-Dame |
Impreso por Vanier, el editor de los decadentes, de terrible memoria, ha consagrado un volumen de versos que se titula Humbles Mousses. Allí leo los siguientes versos que traduzco, pues veréis que el caso merece la pena:
LOS VERDADEROS RICOS
Vosotros, que sabéis ganar el pan de cada día
Y, cubiertos de arpillera o de lienzo,
Dormís bajo los grandes techos, casi al aire libre,
O bajo la cabaña, humilde morada;
Hacia los ricos hoteles de piedra, donde el oro abunda
En donde pensáis que estaríais mejor,
Guardaos de lanzar una mirada envidiosa:
¡Sois vosotros los felices de este mundo!
Los pórticos de mármol y los artesonados
Ocultan el cielo, las corrientes aguas;
Cuando se tiene la idea de acumular rentas.
¿Se sabe acaso el encanto de los estíos?
Ni una sola de las felicidades que hacen amar la vida
Se da por el dinero;
La luz serena y el aire, el azul cambiante,
El sol, de alma encantada,
El hechizo de los grandes bosques y la gracia de las flores,
El césped, el perfume de las rosas,
La embriagante dulzura de las innumerables cosas
Bellas de formas o de colores,
Vienen a ofrecerse, sin pedir nada
Al más modesto de los transeúntes,
Mientras que en pleno aburrimiento, hastiado, privado de sentir
Bosteza el dueño del dominio.
Pronto, cansado de los objetos que apenas ha querido,
Está sin necesidades y sin goce:
Saturado de todos los placeres que da el oro,
No desea nunca nada más.
¿Sabe acaso si hay en la tierra un sólo ser que le ame?
El hombre afligido de tesoros,
Se halaga esperando un amor compartido:
Una dote lo atrajo a él mismo.
Su corazón está lleno de sospechas adormidas,
Y mientras que el pobre diablo
Tiene la dicha de creer en la amistad sincera,
Él duda de todos sus amigos.
¡Ah! compadecedle a ese rico; cuando el alma alegre,
Y sin cuidado del mañana
Le veis, caminando, la mano en la mano,
Su palacio hecho a la soberbia,
Vosotros tenéis la amistad, el amor, aun la alegría
De admirar la simple Naturaleza,
Y ese poderoso no puede, ¡oh, triste criatura!
Comprarlos con su oro.
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| Antoine Blanchard- Place Saint-Michel - Notre-Dame |
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