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sábado, 4 de febrero de 2012

La rosa que absorbe la mirada y abstrae el alma fascinándola

Las rosas eran el encanto, el tesoro (...). Y cuando tomó en sus manos la canasta y aspiró la rosa que entonces se abría, sus ojos se entrecerraron, palideció su semblante, y palpitó su seno; era que el aroma de la flor estimulaba el aroma poético de su alma, y aquella organización, sensible y armoniosa, languidecía de placer y de amor al aspirar la fresca y purísima esencia de la rosa.


Puso luego el canastillo de filigrana sobre sus faldas, y a medida que tomaba y aspiraba y examinaba las rosas, una mezcla de porvenir y de pasado, de felicidad y de melancolía, conmovía su corazón, sin duda, pues que su rostro, antes radiante, había vuelto súbitamente a su habitual expresión de dulcísima tristeza.


Las flores eran el campo, el mar, y la luz en las horas crepusculares; ejercen sobre las almas poéticas y sensibles una influencia que se escapa al mecanismo de los sentidos, que el alma misma no la puede definir, pero que la siente y se avasalla ante ella.


Es la religión verdadera de Dios, ejercida en el templo de la Naturaleza, 
por el sacerdocio del corazón humano.

José Mármol
Amalia 


Dalida - Le temps des fleurs - El tiempo de las flores

lunes, 14 de noviembre de 2011

La rosa no tiene un por qué, florece por florecer

El amor sólo crece con amor

El amor necesita un ambiente amoroso, ésta es la cosa "fundamental" para recordar. Sólo en un ambiente amoroso crece el amor; necesita a su alrededor la misma clase de pulsación. Si la madre es amorosa, si el padre es amoroso, no sólo con el niño, si ellos se aman mutuamente, si el hogar tiene una atmósfera amorosa en la que fluye el amor, el niño empezará a funcionar como un ser-amor, y nunca hará la pregunta: ”¿Qué es el amor?”. Lo sabrá desde el comienzo mismo, se convertirá en su fundamento. 

Pero esto generalmente no ocurre. Y uno aprende de sus padres… sus disputas, sus conflictos. Las personas repiten. Las personas son imitadoras, el hombre es un mono. Eso se tiene que dejar a un lado. Sólo entonces sabrás lo que es el amor.

PRIMER PASO a dar:

Libérate de tus padres. Y no quiero decir con esto que irrespetes a tus padres, no. Tampoco quiero decir que te liberes de tus padres físicos, quiero decir que te liberes de las voces paternales internas, de tu programa interno, de tus grabaciones internas. Bórralas… y simplemente te sorprenderás de que si te liberas de tus padres en tu ser interior, quedas libre. 


SEGUNDO PASO esencial es:

La gente piensa que puede amar sólo cuando encuentran la persona que lo merece. ¡Tonterías! Nunca la encontrarás. La gente piensa que ellos amarán sólo cuando encuentren un hombre perfecto o una mujer perfecta. ¡Tonterías! Nunca lo encontrarás, porque la mujer perfecta y el hombre perfecto no existen.
 
Ama como una función natural, como si respiraras. Y cuando amas a una persona no empieces a demandar, de otra manera desde el comienzo mismo estás cerrando las puertas. No esperes nada. Si alguien llega a tu lado, siéntete agradecido. Si no llega nada, no es necesario que llegue, no hay necesidad de que llegue. No puedes esperarlo. 



Y LA TERCERA COSA ES:

En vez de pensar cómo obtener amor, empieza a dar. Si das, obtienes; no hay otra manera. Las personas están más interesadas en cómo conseguir y obtener. Todo el mundo está interesado en obtener, y nadie parece disfrutar dando. Las personas dan con reluctancia. Si alguna vez dan, lo hacen para obtener, y casi son como negociantes. Se regatea. Siempre están pendientes de obtener más de lo que dan; ése es un buen regateo, un buen negocio. ¡Pero el otro está haciendo también lo mismo!

El amor no es un negocio, así que deja de actuar como un negociante. De otra forma echarás a perder tu vida y el amor y todo lo que es hermoso en ello, porque todo lo que es hermoso no es en absoluto un negocio. La existencia no sabe de negocios. Los árboles florecen; ése no es un negocio; las estrellas brillan; ése no es un negocio y no tienes que pagar por él y nadie te demanda nada. Llega un pájaro y se queda en tu puerta y canta una canción; no te pedirá que des un certificado o algo así. Ha cantado su canción y luego, alegremente sale volando sin dejar rastro. Así es como crece el amor. Da, y no esperes a ver qué tanto puedes obtener.

 
Da, y da sin condición alguna, 
y sabrás qué es el amor.

Bhagwan Shree Rajneesh (Osho)

 
La bella imagen anterior dice mucho más que cualquier palabra que pueda agregar. 

Sólo me resta reafirmar la existencia del amor a través de las palabras tan acordes del poeta místico Ángel Silesio, puesto que son sus palabras las que dan título a esta entrada:

La rosa no tiene un por qué,
florece por florecer.

¡Eso -siento- es el amor... !

domingo, 30 de octubre de 2011

La sustancia de las flores, Las Flores de París, Les Fleurs de Paris, Literatura Francesa

Una rosa, ya de por sí, es excesiva,
como varios platos superpuestos ante un mismo comensal.
Es excesivo llamar a una hija Rosa, ya que es quererla siempre desnuda,
o bien en traje de noche, como cuando enrojece bajo las arañas de cristal,
perfumada por muchos bailes, radiante, emocionada, húmeda,
cubierta de gotitas y con las mejillas como fuego;
coloreada lo mismo que un biscote tostado por el horno.
La hoja verde, el tallo verde con reflejos de caramelo y las espinas
—¡Santo Dios! ¡De aspecto muy distinto al caramelo!— de la rosa,
son de gran importancia para el carácter de ésta.



Esta sería la sustancia de las flores: una carne mezclada con sus ropajes,
como modelada toda ella de satén.
Cada una, a la vez vestido y muslo (seno y blusón, además)
se puede tomar entre dos dedos —¡en una palabra! tocar como tal;
acercar, alejar de la punta de su nariz; abandonar, olvidar y volver a tomar;
preparar, entreabrir, mirar— y marchitarse en la necesidad
de una sola equimosis terrible de la que ya no se levantará:
con acre valor efectúa una especie de vuelta a la hoja
—el amor emplea, en cada muchacha, por lo menos,
algunos meses hasta llevarlo a cabo…
¡Abiertas, al fin! 


Un levantamiento de tiernos escudos alrededor del pequeño montón,
de un polvo fino, más precioso que el oro.



Las rosas son, en una palabra, como las cosas en el horno.
El fuego de arriba las aspira, aspira la cosa
que se dirige hacia él (fíjense en los soufflés)…, quiere pegársele;
pero no puede avanzar más que hasta un cierto lugar:
entonces ella entreabre los labios y le envía sus emanaciones gaseosas,
que se inflaman…, así es como enrojece y ennegrece,
luego la cosa hecha humo y se inflama en el horno:
se produce como una eclosión en el horno y la Palabra no es más que…


Esta es, también, la razón por la que hay que regar las plantas,
ya que los principios húmedos, sobornados por el fuego,
arrastran a continuación suya los demás principios
de los vegetales hacia su elevación.
Con el mismo impulso, las flores entonces destapan
—definitivamente— su frasco.
Todas las formas de hacerse distinguir les son buenas.
Dotadas de una conmovedora enfermedad (parálisis de los miembros inferiores),
agitan sus pañuelos (perfumados)…
Ya que, para ellas, en verdad, para cada flor,
el resto del mundo parte incesantemente de viaje.


Francis Ponge
La palabra ahogada bajo las rosas

Oh, Les fleurs De Paris

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