¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios: la luz terrible de la vida o la luz de la muerte? ¿Qué se busca, qué se halla, qué es eso: amor? ¿Quién es? ¿La mujer con su hondura, sus rosas, sus volcanes, o este sol colorado que es mi sangre furiosa cuando entro en ella hasta las últimas raíces? ¿O todo es un gran juego, Dios mío, y no hay mujer ni hay hombre sino un solo cuerpo: el tuyo, repartido en estrellas de hermosura, en partículas fugaces de eternidad visible?
Me muero en esto, oh Dios, en esta guerra de ir y venir entre ellas por las calles, de no poder amar trescientas a la vez, porque estoy condenado siempre a una, a esa una, a esa única que me diste en el viejo paraíso.
"El principito arrancó también con un poco de melancolía los últimos brotes de baobabs. Creía que no iba a volver nunca. Pero todos aquellos trabajos le parecieron aquella mañana extremadamente dulces. Y cuando regó por última vez la flor y se dispuso a ponerla al abrigo del fanal, sintió ganas de llorar.
—Adiós —le dijo a la flor. Ésta no respondió.
—Adiós —repitió el principito.
La flor tosió, pero no porque estuviera resfriada.
—He sido una tonta —le dijo al fin la flor—. Perdóname. Procura ser feliz.
Se sorprendió por la ausencia de reproches y quedó desconcertado, con el fanal en el aire, no comprendiendo esta tranquila mansedumbre.
—Sí, yo te quiero —le dijo la flor—, ha sido culpa mía que tú no lo sepas; pero eso no tiene importancia. Y tú has sido tan tonto como yo. Trata de ser feliz... Y suelta de una vez ese fanal; ya no lo quiero.
—Pero el viento...
—No estoy tan resfriada como para... El aire fresco de la noche me hará bien. Soy una flor.
—Y los animales...
—Será necesario que soporte dos o tres orugas, si quiero conocer las mariposas; creo que son muy hermosas. Sino ¿quién vendrá a visitarme? Tú estarás muy lejos. En cuanto a las fieras, no las temo: yo tengo mis garras.
Y le mostraba ingenuamente sus cuatro espinas. Luego añadió:
—Y no prolongues más tu despedida. Puesto que has decidido partir, vete de una vez.
La flor no quería que la viese llorar: era tan orgullosa..."
Éstas son algunas líneas de uno de los libros más hermosos que conozco, El Principito de Saint-Exupéry. El episodio de la rosa siempre me ha conmovido. Es una metáfora del amor. Del amor hacia una mujer en concreto, con sus contradicciones, con su coquetería, su vanidad, su orgullo.
Su belleza es en principio como la de todas las rosas, pero él la ama sólo a ella porque es "su rosa". Teme sentirse asfixiado y monopolizado por ella. Huye entonces de su lado. Inicia su gran periplo por el universo y termina por darse cuenta de la verdad:
“¡No supe comprender nada entonces! Debí juzgarla por sus actos y no por sus palabras. ¡La flor perfumaba e iluminaba mi vida y jamás debí huir de allí! ¡No supe adivinar la ternura que ocultaban sus pobres astucias! ¡Son tan contradictorias las flores! Pero yo era demasiado joven para saber amarla".
No todas las rosas nos pueden dar lo mismo, aunque como dice Bécaud "l'important c'est la rose...", la rosa que está a nuestro lado.
"Dis à ton tour maintenant
Que la vie n’a d’importance
Que par une fleur qui danse
Sur le temps…"
Gilbert Bécaud
L´important C´Est La Rose
La rosa que está aqui, bajo el cristal, al abrigo de las corrientes de aire y de las fieras, vivirá más tranquila, pero ¿será más feliz?
Feliz noche a todos, en especial en esta Navidad que está llegando.
Ella anuda hilos entre los hombres
y lleva de aquí para allá la mariposa profunda
ala del paisaje y del alma de un país, con su polen.
Ella hace sensible el clima de los días, con su color y su perfume
a su pesar, muchas veces, como bajo un destino.
Testimonio involuntario, ella,
de un cierto estado de espíritu, de un cierto estado de las cosas,
en que la circunstancia da su hálito.
Pero se dirige siempre a un testigo invisible,
jugando naturalmente con la tierra y el ángel,
el infinito a su lado y el presente en el confín.
Mas es el don absoluto, y la ternura,
ella que es también el término supremo y la última esencia
con las melodías de los sentidos y los símbolos y las visiones
y los latidos
para el encuentro en los abismos.
Mas tiene cargo de almas,
y es la comunicación,
el traspasado ser, "como se da una flor", en el nivel de los niños,
más allá de sí misma, en el olvido puro de ella misma.
Y no busca nunca, no, ella
espera, espera, toda desnuda, con la lámpara en la mano,
en el centro mismo de la noche.
Juan L. Ortiz
Ella, la palabra precisa, la comunicación a tiempo, la ternura desnuda, espera,
espera darse -como dice el poeta- más allá de sí misma.
Cuando sea viejo
no te apartaré de mí,
fríamente, amiga del alma,
ni tampoco me entristeceré
al recordar la apariencia
del descuidado y loco corazón
que el viento arrebató,
cuando sea viejo.
Cuando sea viejo
y la blanca brasa ardiente del fuego milagroso
al mundo parezca frío,
el deseo de mi alma que te supo entonces
cuando la vida toda es una lluvia,
la lluvia de los años; será esa hora
la que abra una flor para nosotros,
que nos abarque por entero, cuando seamos viejos.
Cuando sea viejo
si tú recuerdas
algún amor, conserva entonces
el fuego del hogar hasta el diciembre de la vida,
que la alegría de añejos y dulces cálices
sea la que te haga descubrir que:
«pocos milagros hay menos dulces
que el amor que te tengo
cuando soy viejo».
Ezra Pound (Hailey, EE UU, 1885-Venecia, Italia, 1972)
Definitivamente sé
que el mundo duerme en tu cintura
que los astros salen de tu pecho
y tus ojos encienden la luz de cada día.
Entonces todo está demás.
La noche y el sudor de los amantes
los costados del río los transportes
la bolsa y sus oscuras transacciones.
Los cursos de latín
las tarjetas doradas y sus promociones
la cajita feliz y también los negociados.
Las citas a medio abrir
los escotes y las medias negras
los payasos y su ojo siempre blanco
la vecina y sus escobas.
Mi lápiz y el libro que aún no escribí.
Desde que supe que el mundo duerme en tu cintura
todo es absurdo y sobra
nada se adhiere en serio
todo cae antes de subir
no vale la pena empezar nada.
Sólo comprar la mejor butaca
para ver cómo
el mundo
duerme en tu cintura.
Tanta luminosidad que se tiende, cuerpo, a tus orillas.
La única flor
Y terminar con la imaginación,
con los fantasmas de reemplazo,
la invención obscena,
esta fácil ternura del recuerdo a piacere,
para con otra facultad más entrañable
ponerte frente, alzarte como eres, obligarte
de luz y de verdad a ser de nuevo
la copa y el rumor de pájaros
sobre el tronco desnudo.
Julio Cortázar
Serge Lama, Je t´aime
Que je t'aime, mieux que ça, je t'aime Plus qu'un cri, c'est presqu'un blasphème C'est Dieu qui couche avec Satan Dans le lit de la nuit des temps Quand je t'aime, Je t'aime Je t'aime